Consultora certificada en el Estudio Benziger (BTSA).

Durante mucho tiempo, yo también tuve que preguntarme si la vida que estaba construyendo realmente se parecía a mí.

Estudié Administración de Empresas y, aunque pronto me di cuenta de que aquella carrera no me hacía feliz, seguí adelante hasta titularme por promedio. No quería fracasar. No quería sentir que había elegido mal. Así que hice lo que muchas personas hacemos: intenté adaptarme, encontrarle el gusto y convencerme de que ese era mi camino.

Durante esa etapa experimenté un nivel de estrés que hoy miro desde otra perspectiva. Incluso tuve un episodio de parálisis facial. No puedo atribuirlo únicamente a mi situación académica, pero sí recuerdo lo difícil que era continuar por un camino en el que no me sentía a gusto.

Después estudié una especialidad en Desarrollo Humano y una Maestría en Trabajo Social. Poco a poco, empecé a encontrar piezas que tenían sentido para mí. Descubrí que no tenía que desechar todo lo que había aprendido, sino encontrar una manera diferente de integrarlo.

Y esa transformación no ocurrió solamente en lo profesional.

También tuve que mirar mi vida personal, cuestionar decisiones, reconocer qué cosas ya no resonaban conmigo y darme permiso de cambiar. Comprendí que podía construir una vida diferente sin renegar de mi historia, sin considerar un desperdicio lo que había vivido y sin cargar con la culpa de querer algo distinto.

No necesitaba borrar mi pasado. Necesitaba dejar de permitir que mis decisiones pasadas determinaran todas las que vendrían después.

En ese proceso, el Estudio Benziger me proporcionó una guía para comprender mejor mis preferencias naturales y redirigir mi camino. Me ayudó a mirar mis fortalezas desde otra perspectiva y a encontrar nuevas posibilidades para integrar lo que soy, lo que sé y lo que quiero construir.

Hoy mi profesión y mi vida se parecen mucho más a mí. No porque haya encontrado una fórmula para tener todas las respuestas, sino porque aprendí a hacerme preguntas diferentes y a elegir con mayor conciencia, sin pelearme con lo que no fue.

Esa experiencia transformó también mi manera de acompañar a otras personas.

Por eso, hoy trabajo con quienes sienten que el camino que eligieron ya no les representa del todo. Personas que quieren cambiar de profesión, explorar un proyecto, transformar su estilo de vida o simplemente entender por qué algo que antes tenía sentido ya no lo tiene.

No voy a decirte qué hacer con tu vida ni a prometerte que una evaluación resolverá todas tus dudas. Mi intención es ayudarte a conocerte desde otra perspectiva, reconocer tus fortalezas y usar esa información para tomar tus propias decisiones con mayor claridad.

Cambiar de rumbo no significa que hayas fracasado. Tampoco tienes que tocar fondo para darte permiso de cambiar.

Porque todos merecemos otra oportunidad. Y esta vez, va la buena.

Ya elegiste una vez.
Ahora puedes elegir desde ti.

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